Holbox

Bienvenidos al paraíso inundado. 

Holbox, que en maya significa agujero negro, es un isla situada al noreste de la península de Yucatán. Para llegar allí se tiene que coger un bus hasta Chiquilá, un pueblito desde el que sale un ferry cada media hora que te lleva hasta la isla. El trayecto en barco dura 30 minutos y cuesta 440 pesos ida y vuelta. Además, en el puerto te invitan a pagar una tasa para la conservación del medio ambiente de 58 pesos y te ponen una pulserita como la de los hoteles para que se vea que lo has pagado, o para reflejar el orgullo de que estás contribuyendo con una buena causa. Ellos te dicen que es obligatoria pero luego encontramos a otros viajeros que no la habían pagado. 

Puerto de Chiquilá

Al principio teníamos dudas de si ir a visitar la isla o no porque tal vez iba a ser el típico sitio muy turístico; pero al final gracias a los comentarios y fotos de otros viajeros que conocimos en los últimos días, decidimos ir porque nos dijeron que las playas valían la pena y la isla en general. 

Llegamos a las isla sobre las 2 del mediodía, el hostel se encontraba a 10 minutos caminando del puerto aunque con el calor y las mochilas se hizo un poco largo y más teniendo en cuenta que las calles no están asfaltadas, con lo que no te facilitan mucho la caminata. 

El hostel donde nos quedábamos “Mapache hostel” , era un hostel-camping, que tenía 2 cuartos compartidos y una zona con tiendas de campaña.

Mural del Hostel

El alojamiento en la isla es bastante más caro que en el resto de zonas por lo que elegimos la tienda. Una noche para 2 personas cuesta 500 pesos (25 euros), incluye desayuno variado cada día aunque uno de los días nos levantamos un pelín más tarde y ya no quedaba casi comida por lo que tuvimos que dividir el desayuno de una persona entre dos. En este caso eran huevos fritos y pan; terminé comiendo pan con aceite. También ofrecían siempre varios tipos de cereales, leche, café, mantequilla y mermelada. Mi favorito fue el del primer día, tortitas con fruta, miel y canela.

Por lo demás el hostel estaba bien, tenía un jardín amplio con hamacas y estaba a un par de minutos caminando de la playa y del centro. 

Además, los voluntarios del hostel organizan actividades cada día, un día hicimos juegos en la playa, otro día hicieron noche de cocktails: margaritas y mojitos, muy ricos. El ambiente era muy bueno y animado. 

Cocktail night

Uno de los momentos más mágicos para mí fue cuando una de las noches varias personas tocaron instrumentos, de hecho yo también acompañé con los cascabeles. El instrumento más curioso fue una especie de flauta azteca; un chico mexicano tocó una melodía con la flauta que me hizo sentir como si estuvieramos en una ceremonia de cacao o algún ritual así. Fue interesante la atmósfera que creamos con todos tocando, también el cajón y la guitarra. 

Dejando atrás la “hostel experience”, donde por cierto vimos mapaches de verdad, de ahí el nombre del lugar; pasaré a hablar de lo más importante de la isla, y son sus playas. 

Las playas de Holbox sí son las típicas de fotos, agua cristalina,  arena blanca, algún puente con la típica casita al final y kilómetros de playas donde poder caminar. La temperatura del agua es súper agradable y la vista es tan bonita que dan ganas de no salir del agua nunca. 

Además, mucha gente hace tours en barco para ver al tiburón ballena. Un amigo lo hizo y le costó 120 euros por 4 horas de duración. Por lo visto vas a varios sitios donde puedes verlos ( o también se puede dar la mala casualidad de que no) y te tiras al agua e intentas verlos mientras nadas. Yo soy una persona bastante “anti-animales grandes”, por lo que experiencias como esa prefiero no vivirlas, aunque se trate de tiburones herbívoros, prefiero no estar cerca de la boca de un bicho de esos. Con ver a los pececitos de la orilla ya tengo suficiente. 

En algunas partes de la isla también hay flamingos y cocodrilos en los manglares. 

Las playas más famosas de la isla son la Playa principal de Holbox, Punta mosquito y Punta Coco. A todas se puede llegar caminando, aunque mucha gente también va en bicicleta o en carrito de golf. Estos carritos son el medio de transporte por excelencia en la isla, no pregunté cuánto costaba alquilarlos porque seguramente sería bastante, pero los hay por todas las calles. 

En la isla no hay apenas coches ya que sus calles no están asfaltadas, básicamente están hechas de arena y tienen muchos agujeros que cuando llueve se llenan y se enfangan. Nunca pensé que caminaría descalza por un lugar así pero sí, lo hice. Los dos últimos días que pasé en la isla llovió a ratos bastante, de manera que las calles estaban tan inundadas que a veces era mejor ir descalza que con las chanclas, ya que con las chanclas era muy difícil caminar dentro del agua. 

A parte de eso, el pueblo en sí es pequeño, las calles tienen un aire humilde pero colorido, hay muchas fachadas con murales y palmeras.

Además hay bastantes restaurantes y puestecitos y también una zona  para salir por la noche llamada “Hot corner”. Allí hay música en vivo y gente bebiendo y bailando por la calle.

Muchos van a las pequeñas tiendas de comestibles que están abiertas a comprar sus bebidas, ya que son bastante más baratas que en los bares. Estos comercios solo venden bebida hasta las 12 de la noche, después de esa hora es ilegal comprarlas, pero en algunas tiendas te dicen que si tienes una mochila donde meter las bebidas puedes comprarlas sin sacarlas en ningún momento de la mochila, solo cuando ya te hayas alejado de la tienda. Vamos que no es legal venderlas pero lo hacen de estrangis. 

Con respecto a la comida, como siempre hay muchos lugares donde comer tacos, en este caso probé unos tacos de longaniza y carne asada muy buenos, después de varios días sin comerlos. También comí empanadillas de pescado. Ambas a precios razonables: tacos= 35 pesos, empanadillas=20 pesos. Nos recomendaron un bar donde comer arepas y fuimos a ver el menú y la arepa costaba 200 pesos, es decir, 10 euros. Así que, arepas no, gracias.

Finalmente, otro de los días cociné tortilla de patatas, que aunque con el aceite de girasol no tiene un sabor tan auténtico, la tortilla me sabió a gloria. Adoro la comida española, qué le vamos a hacer.

Para terminar puedo decir que me despido de Holbox con un “encantada de conocerte”. Cumplió mi deseo de vivir la experiencia “playa del Caribe” y es un buen lugar para relajarse y para caminar entre charcos. 

Deja un comentario