Aventureras por el mundo: TAILANDIA


«Ya se siente el calor de esta tierra tropical. A través de la ventanilla del avión puedo sentir los rayos del sol, calientes, intensos…

Ya se vislumbran los templos de nubes y nubes que se alzan como montañas interponiéndose con las alas del avión.

¡Bienvenidos al paraíso! A uno de los infinitos paraísos del mundo.

Comienza la aventura.»

Y unos minutos después, mi compi de viajes más antigua y yo, aterrizaríamos en la llamada «Tierra de las sonrisas».

Las expectativas que yo tenía de Tailandia, por lo que había escuchado de la gente, leído en blogs, etc., eran altísimas, tan altísimas que en algunas ocasiones fue difícil alcanzarlas. Y de aquí, emerge mi primer consejo antes de viajar a cualquier destino: «Es mejor tener unas expectativas realistas, teniendo en cuenta que en todos los destinos hay lugares bonitos e increíbles, que ningún destino es perfecto y todos van a tener sus cosas mejores y peores; que tener unas expectativas infinitas e inalcanzables». Como viajera un tanto experta, debería haberme aplicado ese consejo hace mucho tiempo, pero es más fácil dejarse llevar por la ilusión de la perfección de lo desconocido. Por tanto, es preferible dejarte sorprender por pensar que iba a ser menos, que desilusionarte viendo que la realidad no es lo que esperabas.

Cuando llegamos al aeropuerto, lo primero que hicimos fue cambiar algo de dinero, y aquí viene mi segundo consejo: antes de viajar a Tailandia, si tu banco te cobra comisión por sacar dinero en cajeros, como la mayoría de bancos, llévate bastante dinero en efectivo porque las comisiones que cobran los cajeros tailandeses son bastante altas (la mía fue de 13 euros) y por una razón aún más importante, y es que en Tailandia prácticamente no se puede pagar con tarjeta en ningún establecimiento. Por tanto, el dinero en efectivo se te va de las manos como si el viento se llevara los billetes. La tasa de cambio durante el tiempo que estuvimos en Tailandia (finales del verano de 2018) era de unos 38 Baths por Euro.

Con respecto a los precios, decir que todo el mundo me había dicho que Tailandia era súper barato, y sí, es barato en comparación con el nivel medio español, pero yo lo esperaba aún más barato.

Una noche en un hostel te puede costar unos 2 euros, en un hotel de 3 estrellas 15 euros, una comida en un bar unos 2 euros, una botella de agua 27 céntimos (10 baths).

En general, es bastante más barato que si viajases por Europa, pero según tengo entendido en los últimos años los precios han subido debido al aumento del turismo, ¡¡aprovechad e id antes de que suban más!!

Una vez cambiamos el dinero, cogimos un taxi para ir a nuestro hostel, en Bangkok. Ya sabíamos de antemano que en Tailandia la regla número 1 era «REGATEAR» sí o sí, y fijar un precio con el taxista antes de coger cualquier taxi, pero yo, como persona modesta que soy, me sentía mal regateando y haciendo eso de fijar un precio, por lo que cogimos el taxi y nos clavó 16 euros por el viaje (duró unos 40 minutos). Vale, eso en España nos hubiera costado el triple, pero era Tailandia se suponía que todo era muy barato.

Desde aquel momento nos fuimos haciendo a eso del regateo y jamás pagamos nada antes de una previa negociación.

Si queréis conocer más consejillos «Tailandeses» os invito a leer mi siguiente entrada: «Bangkok: Tuk, tuk» .

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