Si hay una palabra que defina a Nueva Delhi, esa es, «locura».
Lo primero que sientes al llegar al aeropuerto de la capital de la India es: ¡dios mío, cuánta gente!
Eran las 3 a.m. cuando aterrizamos en el aeropuerto de Nueva Delhi. Ya sabía que la ciudad era una de las más pobladas del mundo, era un hecho que iba a encontrar a muchísima gente, pero no me esperaba ver un aeropuerto tan abarrotado a esas horas de la noche. Simplemente te quedas con la boca abierta.

El siguiente paso fue dirigirnos al control de pasaportes, donde teníamos que mostrar el visado ( el visado de turista para un español cuesta 80 doláres y dura 3 meses , se consigue fácilmente aplicando en esta página web https://indianvisaonline.gov.in/visa/index.html .)
La cola era enorme. Nos pasamos más o menos 1 hora para pasar el control. El mío tomó más tiempo de lo normal porque, soy yo, y había habido algún error con los datos de mi pasaporte según el revisor. Pero finalmente, tras tomarme varias fotos y huellas dactilares, conseguí pasarlo.
Después, fuimos a recoger nuestras maletas, ahí empecé a darme cuenta de lo caótica que iba a ser aquella ciudad.
En lugar de recoger las maletas de la típica cinta normal, las amontonaron en el suelo y ahí, que cada uno fuera buscando su aguja en aquel pajar.

Luego tendríamos que coger un taxi que nos llevase hasta nuestro hotel, situado en un barrio céntrico de la ciudad, Paharganj. La forma más rápida de llegar desde el aeropuerto al centro es en metro pero solo funciona hasta las 11.30pm.
El primer taxista al que nos dirigimos, como no, quiso estafar a unos ilusos turistas, el segundo también, y hacernos pagar 1500 rupias por el viaje, cuando habíamos comprobado previamente que el viaje costaría unas 500.
Finalmente fuimos a uno de los taxis negros y encontramos a una chica de Uzbequistán y a su madre, que quisieron compartir el viaje con nosotros, pagando 1000 rupias entre los 4. No fue súper barato pero conseguimos pagar los 500 que teníamos en mente.
En India, como en otros países de Asia, siempre tienes que regatear.
En nuestro trayecto hacia el hotel pudimos comprobar la locura de Nueva Delhi. Eran las 5.30am y el tráfico era horrible, la autovía llena de camiones y coches, todos pitando y cada uno tirando por donde mejor le convenía.
Cuando vas por primera vez dentro de un coche en la India, sientes que en cualquier momento vas a chocar con cualquiera, pero conforme vas viendo que todos van esquivándose a su manera, compruebas que no pasa nada, es su forma de conducir.
Me parecía increíble que dentro de aquel caos, aquel amasijo de coches de un lado para otro, no hubiera ningún accidente. Se puede decir que tienen mérito.
Otra de las cosas que me llamó la atención nada más salir del aeropuerto fue la contaminación, una niebla espesa impregna todo, y efectivamente, no es niebla, es polución por la cantidad de coches que circulan día y noche.

Y así comenzaba la aventura indiana.